miércoles, 25 de febrero de 2009

la Boca que no Besa

La boca que no besa es tan pequeña que apenas puede respirar. Esa boca que encierra el alma dentro de un cuerpo con mil cicatrices, esa boca no deja entrar la vida en los pulmones, esa boca chica niega la vida a un corazón que olvidó latir.
Sé, porque me lo dijo la boca que no besa, que una vez, o dos, y hasta tres, esa boca besó y amó. Y por sus besos debió entrar también el dolor. Y quizás por eso, la boca decidió no besar. No besar. No dolor.
Lo que boca chica no sabe es que si no se besa el dolor no sale, el dolor permanece, y asfixia cada vez más los pulmones, el corazón, el hígado, la aorta, la boca…la garganta que miente, la mirada que huye.
La boca que no besa tampoco respira, tampoco vive.
Boca chica, quisiera morderte cada límite de tus labios, de esos que ni se dibujan en tu piel, hacer tu boca tan grande como tu miedo. Pero no puedo, a mí no me dejas besarte, a mí no quieres besarme. Boca chica, yo daría el lunar de mi labio porque tú aprendieras a besar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La necesidad de estar cerca de una boca que no besa, no cualquiera, esa que dibujamos lentamente, esa necesidad, puede parecer incomprensible, pero es tan real como los no-besos atrapados en el dolor. Te sigo en silencio y esta vez atravesé el espejo para decirte que me gusta leerte.