Estoy gritando que ya no te quiero, que no te quiero. Estoy olvidando tus promesas y tus mentiras, o estoy dejando de creer en ellas. Pero cuando llega la noche, sigo echándote de menos. Estoy sellando mis labios, para no llamarte, y atándome las manos a mi cuerpo para no marcar tu número. Mi cuerpo que respira tu ausencia. Ese cuerpo que ha creído más en ti, que mi propio hígado, o mi cerebro. Ya no me ablandan tus lágrimas, me siento fuerte sin tus ataduras, me siento libre como la marea; me he cansado de pedir limosnas por tu amor, quiero ser feliz. Y aún no quiero que salgas de mi vida, sólo quiero que no hagas ruido. No me interesa tu obra, tu vida, ni tu dinero.
Ya sabes, flor de romero en mi ventana, pá que se vaya lo malo, y pá que entre lo bueno.
Ya no te quiero. Que no te quiero en mi vida, que intento esconderte tan dentro que ni me acuerde de dónde estés. Y ahí te vas a quedar, en los sitios donde se guardan las cosas que no se quieren ver.
Aunque, tampoco me engaño, y confieso que tengo en una esquina la esperanza de que vuelvas a enredarte entre mi cuerpo, y que me quedan silencios para darte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario