lunes, 9 de marzo de 2009

TenGo plomo

Tengo las pupilas grises porque todo lo que miro está plomo. Tan de acero como tu piel fría, tanto como el cielo que apenas sostiene la luna que no miro. Tanto como República que ha vuelto a mis rejas y a la que ni siquiera cazo. Mis pupilas están grises, como el metal que palpita en tu pecho. Hay un anillo que me quema en el dedo, y no consigo entender cómo el mar de plata hoy sólo es gris. Quizás sean mis ojos grises, quizás sea la gravilla del asfalto, quizás el tatoo que erupciona en mis venas y llena de tinta gris mis venas... quizás, sólo quizás tenga la culpa de mi visión esta luz del norte, en la que no hay verde que se refleje, ni hielo que me ciegue, ni cansancio absurdo que me detenga frente al mar. Sigo aquí mirando las velas de un barco que no navega y que a duras penas intenta mantenerse a flote. Sigo aquí con la esperanza de que el sol que amanezca mañana no sea gris. Sigo en este acantilado de tejados y espadañas, en este espacio de cables grises sobre los que colgué la esperanza.

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