Lo que siento al dejar 2018 es que dejo un satélite artificial. Lo empecé con
mentiras, y como me estaba permitido mentir las mantuve. Pero no pude
mentirme a mí misma, lo mandé todo al carajo y aposté. Creí que
era una apuesta de verdad, y lo hice fuerte, como hago casi siempre,
inconsciente y expositivamente. Me dañaron. Hubiera sido quirúrgico, rápido, si no
fuera porque me empeñé en hacerme culpable, para que me perdonaran y
desde la “inocencia” retomar la apuesta. Pero no ocurrió así,
¿verdad? aún me pregunto qué pasó, porque lo que dices que pasó,
ambos sabemos que no es verdad...así que hemos dejado correr las
cosas, yo he reconocido que no soy culpable y tú, bueno, qué
importa a estas alturas lo que tú creas.
De alguna manera el año continuó en
la falsedad, o en el engaño, por ser más suave, porque hubo mucha verdad entre las mentiras que vivíamos. Yo traté de volver a la
primera mentira, y como me estaba permitido mantenerla tratamos de alargarla. Sin
embargo, me hierve el hígado cuando no estoy en mí, así que
una vez más me encontré mirando un espejo sin querer atravesarlo. Una vez más Alicia. Una vez más la madriguera me llamó y entré en ese túnel de oscuridad que huele a tierra mojada. Lo
hice desde mi honestidad, arriesgando, a pecho descubierto, porque no
había otra manera de ser auténtica y sincera conmigo.
Me fui. Y para poder mirarme y sentirme
coherente conmigo, para no seguir manteniendo el rincón de la
amistad, ni la huella de la esperanza dije lo que sentía a quien ya sabía
que no lo sentía por mí y seguí adelante. Una cosa son las mentiras y otra la realidad, aunque a veces mi realidad se llene de mentiras.
Bueno, confieso que seguí más o
menos, pero aquí estoy, aceptando, madurando, tratando de hacerme dueña del rechazo, (del lícito y libre) no culpándome por los límites que dejé que se
traspasaran, bloqueada. Pero sigo y es un ejercicio interesante de
desapego, respeto y amor. Amor desde la concepción más prosaica que
fluye entre mis piernas, amor que escondo dentro del miedo.
Así, que en lo personal 2018 está
siendo (según lo siento) ese satélite artificial, impuesto e
impostado que gira en torno a mi Yin, sin que yo sepa aún de
dónde viene la luz.


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