Llevo tiempo sin ser gata, demasiado quizás. La lluvia me ha pillado en mitad del tejado y estoy metida en este canalón, que no es el mío, pero en el que puedo quedarme. Ayer, sin querer, me puse panza arriba, saqué las uñas, ericé mi espalda y comprendí que sentía algo. Fue raro. Fue privado. Volví a defender a mi camada. Ayer, volví a ser la gata posesiva que una vez fui. Una gata capaz de defender hasta de sí misma a lo más amado, sólo que esta vez no hay lo más amado. Esta vez yo soy lo más amado. Por primera vez soy yo. Soy la gata que hace sombra sobre su propio tejado.
viernes, 17 de abril de 2009
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