Siento sin querer sentir. No quiero
seguir sintiendo el amor que te tengo. Quiero arrancarlo de mí. No
quiero deshacerme de él porque no me deje a amar a otro, que lo
hago, sino porque me siento culpable de hacerlo.
Comparto con un hombre maravilloso y atormentado un espacio precioso. Sin embargo, me levanto con el pensamiento (no quiero llamarle sentimiento) que esto podría ser compartido contigo. Siempre me junto con hombres incapaces de ser felices, o en tu caso, incapaz de ser feliz conmigo. Miro tus fotografías, tu hermosa sonrisa, el brillo de tus ojos, y me contagio de tu felicidad. Ya no pienso ¿por qué no pudiste ser feliz a mi lado? Ya no me machaco con eso. Sencillamente no fue. Pero ahora, y este ahora es un paréntesis de meses, pienso que hubiéramos podido amarnos, y me engaño al creer (y te juro que lo sigo creyendo firmemente) que los dos hubiésemos sido felices. Tú y yo.
Amo al hombre que tengo a mi lado. Construyo con él cada día, tratando poner tierra en este puente en el aire, que nos lleve a esa vida tranquila, sin dramas, ni grandes incertidumbres. Estamos trabajando por montarnos una vida estable, repleta de amor y respeto. Y en esta vida que quiero con él, sigues en mí. ¡qué extraño poder tiene tu recuerdo sobre mí! ¡siempre es tu recuerdo, tu recuerdo en el Solitario Juan, en Atlántida, en casa de Pablo, de Frizt, en todos los lugares que nunca fueron nuestros! Es absurdo traer a mí el dolor y el amor que te tuve. El fracaso que siento por no haberte hecho feliz, y el precio que tuve que pagar por ello. Nada hay más hermoso que tu piel. Nada.
En fin, no tengo derecho a seguir escribiendo ni una sola palabra más. No tengo derecho a sentir. Lo único que sí voy a mantener es el amor que te tengo, porque siempre me pareciste digno de ser amado, y me alegro mucho que tengas a tu lado a esa mujer que lo hace, y con la que has construido esa vida que yo tanto ansiaba que fuera nuestra. Pero yo no soy ella, ni tú eres el hombre con el que quiero se feliz. Como bien sabemos ambos el amor no es un sentimiento recíproco.
Comparto con un hombre maravilloso y atormentado un espacio precioso. Sin embargo, me levanto con el pensamiento (no quiero llamarle sentimiento) que esto podría ser compartido contigo. Siempre me junto con hombres incapaces de ser felices, o en tu caso, incapaz de ser feliz conmigo. Miro tus fotografías, tu hermosa sonrisa, el brillo de tus ojos, y me contagio de tu felicidad. Ya no pienso ¿por qué no pudiste ser feliz a mi lado? Ya no me machaco con eso. Sencillamente no fue. Pero ahora, y este ahora es un paréntesis de meses, pienso que hubiéramos podido amarnos, y me engaño al creer (y te juro que lo sigo creyendo firmemente) que los dos hubiésemos sido felices. Tú y yo.
Amo al hombre que tengo a mi lado. Construyo con él cada día, tratando poner tierra en este puente en el aire, que nos lleve a esa vida tranquila, sin dramas, ni grandes incertidumbres. Estamos trabajando por montarnos una vida estable, repleta de amor y respeto. Y en esta vida que quiero con él, sigues en mí. ¡qué extraño poder tiene tu recuerdo sobre mí! ¡siempre es tu recuerdo, tu recuerdo en el Solitario Juan, en Atlántida, en casa de Pablo, de Frizt, en todos los lugares que nunca fueron nuestros! Es absurdo traer a mí el dolor y el amor que te tuve. El fracaso que siento por no haberte hecho feliz, y el precio que tuve que pagar por ello. Nada hay más hermoso que tu piel. Nada.
En fin, no tengo derecho a seguir escribiendo ni una sola palabra más. No tengo derecho a sentir. Lo único que sí voy a mantener es el amor que te tengo, porque siempre me pareciste digno de ser amado, y me alegro mucho que tengas a tu lado a esa mujer que lo hace, y con la que has construido esa vida que yo tanto ansiaba que fuera nuestra. Pero yo no soy ella, ni tú eres el hombre con el que quiero se feliz. Como bien sabemos ambos el amor no es un sentimiento recíproco.


No hay comentarios:
Publicar un comentario