lunes, 25 de noviembre de 2019

i NeEd resEt

En mi cama somos tres: yo, el hombre al que amo y la polla de mi amante.

Le llamo amante, pero no creo que llegásemos a amarnos, solo quisimos hacerlo. Una, dos, tres veces recorrimos nuestro deseo abriendo los ojos. Todas esas veces su polla, su cuerpo y su manera de tocarme hicieron que me penetrase en espejos sin retorno. El hombre explora en mi entrepierna la respuesta a mi deseo.

Mi amor, no temas, es tu cuerpo el que abrazo, y recorro con mis manos. Mi amor no temas, son tus brazos los que me llevan lejos, y solo es tu boca la que beso. Mi amor solo contigo duermo, sueño y despierto. Él, su polla y sus tinieblas solo forman parte de un secreto que se hace grande y poderoso, como su recuerdo en mi boca. Mi amor, no temas porque prefiera sus líneas a tus miradas, la ausencia de su olor al constante universo del tuyo, su boca sin sonrisa a la tuya provocando a la mía. Mi amor, te quiero con todos los poros de mi piel, menos uno o dos centímetro cuadrado, los que aún le pertenecen. Los que están cosidos a su flujo, los que aún no te han rozado.

Mi amor, eres mi cada día, incluyendo las noches, los desaires, los amaneceres, las tormentas y te acepto, te quiero y te deseo con todo ello. Pero nunca una pasión contenida me llevó a un buen poema.

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