Pero había otra parte, otro motivo para aquella carta. Un: voy a dejar las cosas claras. Tú que crees plenamente en la amistad entre hombres y mujeres lo vas a entender. Si somos colegas, si nos comunicamos bien y pretendemos cuidar esta amistad, debe ser desde la equidad de ambas partes. Y en esto soy irreductible.
Desde el enamoramiento, puedo dar, provocar, buscar, revolcarme por el fango...pero en la amistad no soy tan así. Si nos valoramos yo quiero que inicies, que busques, que no haya reparos en proponer, saber de alguna manera que quieres compartir y no solo responder. Hasta ahora he pensado que no lo hacías por simple dejadez, porque tú no eres así. Porque cada uno está en su historia. Luego mi ego me llevó a pensar que no lo haces por no ilusionarme, para que no me comiera la cabeza ... y no digo que no lo hubiera hecho, por supuesto que sí, pero ya somos grandes. Ahora tengo la certeza de que las cosas se irán diluyendo. Siento que mis palabras se suicidan, pero yo me cansé y creo que ha llegado el momento de dejarte en paz. No me cansé de querer estar contigo, me cansé de lo difícil que es todo. Difícil fue hasta que leyeras lo que escribí para ti. Por cierto, está aquí.

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