miércoles, 22 de agosto de 2018

CuanDo me mastURbo

Cuando me masturbo no me gusta correrme. Con los hombres que lo he hablado no lo entienden, con las mujeres ni siquiera lo he dicho. Esta idea de no correrme es lo que me hacía pensar que no me masturbaba (sí, soy de una generación a la que no le enseñaron a usar el dedo) sin embargo te juro que es lo que mi cabeza, mi almohada, mi entrepierna es lo que más hace cuando no estás cerca...
Dentro de mí hay un punto que vibra al pensarte, un punto que chorrea, mancha mis braguitas, me hace respirar fuerte, cambia el color de mis pezones, me obliga a meterme la mano , y reposarla, dejarla casi en el coño, apretando bien mi pelucón...uff...como me gusta sentir que podrías ser tú. Suave meto un dedo, y con esto de mis uñas largas, meto el nudillo, me aprieto más a mí misma.Quiero cruzar las piernas meterme dentro todo lo que encuentre, sentirme llena, y no soy capaz, solo me mezo, y es entonces cuando mi cabeza se acuerda de tu polla rica en mi boca, de cómo me quema tu piel, como te enganchas a mis pezones y ahogo mi grito. El flujo camina por mis sábanas, controlo el placer, controlo la mente, y trato de relajarme esperando que un día tu vientre y el mío se sientan cerca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Dicen que de ilusiones también se vive, pero cuesta demasiadas energías esperar que la realidad no llegue. Me has emocionado y, aunque somos opuestos en sexo no lo somos tanto de espíritu ni de esos reflejos utópicos que nos alimentan. Sentir con el corazón es devolverle ilusiones que se esfumaron hace tiempo, darle su lugar en nuestro mundo, darle alas y a volar. Y eso de volar es lo que hacemos cuando las palabras brotan de nuestros dedos y se transmiten al papel con las nuevas tecnologías: el teclado, la transmisión eléctrica, la torre, la pantalla y de ahí al papel por el hilado fino de la impresora.
Sexos opuestos, mundos paralelos. Y una amistad.
Míchel Colette