Llevás razón. Entrego todo para que me devuelvan todo. Tu todo, el todo que puedas, el que quieras. Te equivocas al sentir que te pido el todo que doy.
Llevás razón cuando dices que entrego para que no me abandonen, para que no me abandones, y ya ves, me abandonas porque no puedes darme, porque sientes que no estás a la altura, que yo te examino. No lo hago. Con la única persona con la que tengo un nivel de exigencia importante es conmigo. Yo para mí. El resto puede hacer con su vida lo que quiera, ni siquiera pido respeto, y lo sabes.
Así que de nuevo la herida. De nuevo la frase te amo, pero no eres tú. Y lo más curioso es que tú tampoco lo eres para mí, pero en mi no hay miedo al dolor, ni al rechazo, ni al abandono...ya estuve allí. Me pregunto qué quiere la vida que aprenda que no soy capaz, y tengo una respuesta o como buena gallega una pregunta ¿y si la vida quisiera que enseñara a otros a amar sin coraza?
Yo te di los latidos de mi corazón, no importa por quien latiesen, si era por mí, por ti o por cualquier otro, eran los latidos de mi corazón. Te di mi mirada atenta, mi respiración pausada, mis temores, mis ilusiones, te di mi rebeldía, mi frustración, todo eso te lo di...y tú me abandonaste porque sentías que nada de eso era para ti, o te lo merecías, o no sé qué paja mental te montaste.
Lo único que no te di fue mi miedo, porque no está, porque no existe.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario