De tanto estar parada frente al mar las olas convirtieron mis pies en cola de sirena.
De tanto estar escalando montañas y miando al cielo, no me di cuenta que volaba.
De tanto tener mis manos en la tierra, los dedos se convirtieron en raíces.
Ya no soy mujer, ni gata, me convertí en agua, aire y tierra.
Aún me queda averiguarme fuego.
lunes, 1 de junio de 2015
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