Llevaban años hablando por Facebook, y sí, también eran amigos de verdad, de cuando ella vivía en Santiago. De hecho el mismo día que llegó a Santiago se encontraron, él fue quien la llevó hasta el hostel donde se quedó unos días mientras encontraba casa, y curiosamente él la dejó de nuevo en la estación de bus que la llevaría a Montevideo. No eran tan buenos amigos, pero sí compartían lazos, uno de esos lazos que Coelho diría que se tejen más allá de lo tangible.
Estaban hablando de vinos, de literatura, del trabajo, pero no era una conversación seria, era una de esas que hacen girar al ratón en el cerebro, y en una de esas ella dijo: En 2 minutos me quito el tinte azul del pelo. Y él pensó: ¿antes tenía el pelo azul? Pero como era hombre y sabía de la fama de poco observadores, que en general tienen, no quiso preguntar. Continuaron hablando, chateando, pero algo seguía ronroneándole en la cabeza ¿cómo llevará ahora el pelo? ¿lo tendrá largo? ¿hasta dónde?
Así que utilizó toda su capacidad para desviar el tema y volver al tinte azul:
- ¿y qué tal el tinte?
- Menos azul de lo que pensaba, dijo ella, se quedó un poco más azul cielo.
- ¡Azul cielo, qué cojones es el azul cielo! Yo soy argentino, lo único azul que conozco es la albiceleste, y además ¡vivo en Santiago! Aquí el cielo solo es gris.
Y mientras pensaba esto trató de hacer otra pregunta que le sacara de dudas, una pregunta cuya respuesta fuera definitoria del azul de su pelo…pero para entonces no hubo manera de volver al tema, hablaron de sus últimos desamores, de los amigos que decepcionan, de la libertad, de las montañas, pero no volvieron al color del pelo. Así que él tuvo que conformarse con recordarla tal y como era cuando podía mirarla.
Esta mañana, en el metro una chica flaca se sentó a su lado. Llevaba un abrigo gris, pantalones vaqueros, no era bonita, tampoco fea, era una chica normal…bueno, casi normal, tenía el pelo teñido de azul, de azul cielo, y entonces él reconoció el azul de Buenos Aires, el azul de Córdoba en las montañas, el azul del Río de la Plata y supo que ella llevaba ese color sobre la cabeza, junto a sus sueños y sus pensamientos.
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