Ahogada en el pozo de la luna, la que huele a azahar, por la calle blanca, por las sombras de tu mirada. De frío voy a morir si es que aún me queda algo para vivir. En la noche te me escapas. Hay mortaja entre mis piernas, hay vientre sepultado en tus quejíos.
Sueña Pablo que Luis le trae un vestido verde lleno de volantes, y Salvador con elefantes y tiempo que se derriten en La Vega de Graná. La Lola canta saeta.
Voy a mirarte desde la alberca, pá que no me veas, pá poder esconderme y besar a príncipes que saben a rana.
Echo de menos bocas que saben a yerbabuena y a salitre. Labios de mar revuelto, profundo y azul oscuro como la tinta de tu pecho.
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