Porque te siento mi compañero estoy comiéndome los pedazos de mi corazón, para que no tengas que lidiar con ellos, y mirar mis lágrimas, y mirar mi boca y mirar los pechos que ya no abrazas, ni las piernas que te atan a mi cintura y a mi vientre.
Porque me siento tu compañera estoy tratando de no herir tu orgullo, tu hombría, tu costilla, tu pulmón, tu aire, tu garganta, tus oídos, tus ojos, tu brazo, tu espalda, tu rodilla. Machacaría tu cabeza si la rabia me lo permitiera, pero aún me siento compañera, y no destrozaré tu piel, ni dejaré que te vayas de mi lado herido. Porque me siento tu compañera te protegeré aunque no me dejes.
Porque te siento compañero, quiero agarrarte fuerte en este salto que estoy dando, y aún ahora confío en ti para que me sostengas. Compañero.
Porque quizás dejaré de amarte, pero no podré dejar de sentir que fuiste mi compañero. No sé en qué lugar me posicionas. Y es mentira que no me importa ¡claro que me importa, de hecho es lo que me importa! Porque lo que yo quiero, compañero, es ser tu compañera.
No tu compañera-hermana, o tu compañera-confidente, o tu compañera-amiga lo que quiero es ser tu compañera-mujer, como siento que tú eres mi compañero hombre, y desde el encuentro que ambos sexos tienen crecer como seres completos. Sufro porque no puedes sentirme de este modo. Lloro y te libero de mis lágrimas.


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