Mi lugar es el espacio del silencio, donde estaba prohibido hablar, donde todo debía tener más importancia que el tiempo. Un día, una noche, el hombre que cambió la historia habló (sí habló) con el guardián de los secretos de la reina y entonces, él habló con la reina. Desconozco si se contaron intrigas, no es importante, pero desde entonces el mundo es redondo en vez de plano.
No tengo idea del tiempo que pasó hasta que se convirtió en una de las fábricas más interesantes y a la vez más explotadoras de este Sur de jornaleros y miradas a la luna. Cada vez que me pierdo entre los dibujos de sus azulejos puedo ver las huellas de los hombres que los hicieron, aquellos capaces de sublevarse ante un poder tan divino como humano.
Las torres que sirven de chimeneas para que el humo, como las ideas, se expandan llevan lustros apagadas. No importa, yo puedo sentarme al pie de cada una de ellas y creer que mi tristeza vuela, como si fuese humo. Estas chimeneas tienen, además, el poder de evocar la lujuria de los lugares públicos y clandestinos, son un espacio íntimo entre dos desconocidos. Solo sexo. Solo. Sexo. Deseo al que me gusta volver cuando necesito recordar que mi coño aún puede mojarse. (traté de buscar sinónimos, pero es lo que quiero decir)
Hay un jardín sin horizonte donde puedo distinguir los naranjos amargos de los que no lo son, y puedo decirte cuáles son de primavera y cuáles de invierno. Sé los caminos que no llevan a ninguna parte y sé los que regresan de ningún lugar.
Ahora es un Centro de Arte Contemporáneo, para mí es una iglesia desacralizada. Una tumba gigante de cal en la que la vida y la muerte ni siquiera existen, ni siquiera son importantes. Puedo pasar horas en ese lugar físico donde se impone un respeto por lo ajeno tan fuerte, que hasta yo me siento ajena a mí. A veces me fastidia la mirada de los demás, que sólo la consideran un lugar de exhibición, es lo que tienen los escondites públicos que son tan evidentes que molestan al resto ¿Y sabes lo mejor de todo? No tengo cobertura en ese útero blanco.
Además de los naranjos hay un jardín de albahaca, romero, tilos, salvia, donde supongo que los antiguos monjes tenían su huerto. La tierra que tanto necesito.
Me gusta que todo se mueva en su interior mientras todo permanece fuera. Es un oasis en Sevilla, es como si pudiera estar dentro del mar.
Siendo simple te diría que me gusta mucho este sitio, he sido tan feliz en él cuando no lo era que me escondo allí cuando necesito encontrarme.
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