Estabas allí. En realidad no era allí, sino ahí. A menos de 20 metros de mí. Estabas y sólo nuestras gafas de sol nos hacían disimular. Tú estabas allí, sujetando la pared, al sol. Yo llegué y un hombre me saludó y me invitó a quedarme a su lado.
Está claro que la pared requería tu presencia. Está claro que mis pies ya no me llevan hasta ti.
Si tú me miraste yo no lo sé. No supe si tras los cristales hubo miradas, por mi parte sólo hubo el deseo de que me vieses. Y lo conseguí.
Hoy tú te has ido. Y lo has hecho para casi siempre.
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