miércoles, 18 de noviembre de 2009

la Mujer que M eriza la piel

Ayer estuve en el concierto de Cassandra Wilson. Y estuvo cojonudo que ella estuviera allí, pero aún lo estuvo más que estuvieran sus músicos.
Estuvo bien que su voz rompiera el sonido, e hiciera el silencio; estuvieron bien los susurros constantes, las caricias al alma. Estuvo genial que mi piel se erizara cada vez que su voz la tocaba, pero sobre todo estuvo bueno el hombre del piano y zapatos de charol.
Él es el niño escapado del Cantor de Jazz que bailaba sobre dos teclados. Estuvo de puta madre el bajista que también pulsó el contrabajo.
Nada de esto hubiese estado sin Cassandra, y estuvo bien que ella los trajera, pero estuvo mejor que la bateria llevase el ritmo, todo el ritmo, todo el peso, todo el grito... y con ella entraba África, a ritmo de percusión, la que late dentro de mis eritrocitos.
Pero ¿saben lo mejor de todo?
En el centro había un hombre que llenó los silencios de Cassandra con sólo 6 cuerdas. 6.
¡ah! anoche también aprendí que el jazz se hizo para dejarse sentir por los 6 sentidos, que el ritmo también es un sentido, y como el tacto se siente en la piel.

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