lunes, 28 de abril de 2008

Sylvia Plath

La tarde que conocí a Sylvia Plath el viento soplaba fuerte, sobre la claraboya, junto a la veleta. El cielo era plomo, caía la lluvia en algún rincón del mundo y al sol se le olvidó salir. Esa tarde me conocí sobre el espejo de mercurio, esa me desnudé con otras manos que no eran las mías. La tarde que leí a Sylvia Plath recordé mi futuro. Desde entonces la llevo conmigo como si la hubiera vivido. A veces Sylvia te comprendo tanto que me asusto, tengo tanto miedo como tú, lo que aún me horroriza más.

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