Esta es la letra de un tango, o de un bolero, ya sabeis que la música no es lo mío. La escuché una noche de esas que estuve en celo, y andaba por los canalones. Creo que era una voz de mujer la que la clavó en mi estómago. Creo. Y decía algo así:
Las horas en las que recuerdo tu regreso, son las horas de mi resurrección. Aquellas en las que el tiempo se detiene para dejar que sueñe. El dulce recuerdo de tu ausencia me devuelve mi respiración. El viajero que busca la luna sabe que no hay sombras, ni luces, yo mantengo escondida la esperanza de tus ojos.
Sé que nunca más has oido hablar de mí, en cambio yo recibo la aurora sin saber qué es de ti. Los besos que me prestaste yo se los robé a otra cualquiera. Ni siquiera se los robé al objeto de tu amor. Yo robé tus besos de la almohada. Robé tus besos a la luna. Robé besos.
Cuando fui mujer y conocí el amor, alguien me enseñó a amarme. Ahora, que ni soy mujer ni recuerdo lo aprendido, busco a alguien. Y sé que mi destino es amargo como el fondo de tu botella. Esa que siempre tuvo gusto a nada.
Es una historia triste, supongo. Aunque también supongo que este no es el final. No me quedé ni un rato. Me pareció tan triste que no dejé seguir la letra. Me fui. Sin más. aquella noche no era una noche para recordar, era una noche para volar.
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