martes, 25 de diciembre de 2007

Al gato de la Gata

Hoy he seguido unos vaqueros y un perfecto por las baldosas de la Alameda. Luego, los he perdido. Se debieron hundir entre las alcantarillas. Los perdí de vista al final de la obra. Me quedé buscando entre los escombros, mirando adentro. Estoy sola de repente. Y esta soledad no es mala. Me gusta creer que tú me das lo que necesito: equilibrio, aunque no estés. Y me gusta por dos motivos el primero es obvio, me hace sentir viva; el segundo lo es aún más, me doy cuenta de que no te necesito a ti. Sólo necesito lo que mi mente quiere creer.
Gato Antonio, ojalá un día al seguir tus pasos tú decidas girarte y mirar mi sombra. Es posible que todavía esté a tu lado. Es posible. No hay nada más. Sólo un vacío entre dos cuerpos. Pasé frío y aún así me quedé. Diez minutos, es cierto, sólo diez. Pero fueron los más difíciles y hermosos que he vivido en tiempos. Para comprobar que no hay nada más.
Buenas noches gato. Me gustaría tener diez minutos de nuevo. Sólo diez. Ahora, en lo que duran mis suspiros voy a pensar lo que significaron tus besos. Son solo cicatrices. Yo no dije sí, tu no dijiste nada. Tú y yo somos dos.
Me gusta perderme. Me gusta encontrarte. Me gusta ser el desastre que huye. Se acabó el buscarte. El arco iris no esá hecho para gatos.

1 comentario:

Un San Bernando dijo...

Desde que empecé a leer nunca creí que las gatas como tu pudieran maullar por un gato, de ese modo. En verdad no puedo opinar nada más ya que un perro soy y los de mi especie no sabemos de gatas. Solo sabemos que debemos perseguirlas para morderlas y dañar. Pero creo que nuestros bocados poco las pueden herir ya que hay otros añarazos en el corazón que parecen que más efecto tienen que nuestros dientes y eso que los tenemos grandes.