Camino por donde la primavera tiene prisa por llegar, y prisa por marcharse. Se irá a otras ciudades, a otros campos, y aquí dejará el viento y lo seco del verano.
Casi todo el tiempo es luz donde vivo, tan intensa que los contrastes hieren. Sol, mar, salitre y desierto...y oculto en el desierto permanecen lugares llenos de primavera, rocas adornadas de arcoiris. Esta primavera se mantiene escondida, ensombrecida entre pitas, y azofaifos, sin que la manzana prohibida se desarrolle. Son espacios repletos de sonidos, silbidos que decidieron quedarse, hermenéutica de una razón que desaparece entre tanta locura. En estos rincones, la primavera, ausculta los latidos de un erial. Ella juega a ser bipolar y esquizofrénica, llega en un invierno que no le conviene, a una tierra que la deshereda, en un mar que la arrastra, con un viento que la devuelve a cualquier otra parte. A cualquier otro lugar.


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