Aquí estoy. Aquí me tenéis. Desnuda
de huesos y piel, con los pechos caídos, las manos abiertas, la
cabeza rala, la mirada miope. Aquí estoy sin pudor, sin sentir
vergüenza por mi cuerpo que ya no esconde el alma. Aquí delante de
todos los sueños que he deshechado. De todas las vidas a las que
renuncié. De todos los amores que me abandonaron. Aquí estamos yo y
mi soledad, reflejo del agujero negro del que nace el
universo.
Aquí me tenéis, sin azul, sin horizonte. Con mi cabeza gris recorto las líneas de mis palmas, para que no haya futuro, para que no haya nostalgias de este tiempo en el que no sentir se ha convertido en vida. Consciente del tránsito, de los días llenos de nada, de los soles sin sombra, pájaros que emigran a un Sur que se desnorta.
Las corrientes de mi vida navegan desde lo afuera, me llevan y me dejo remolinar en los pozos que hunden mi yo. Lo que fui, y que no anhelo. Me traiciono, me desnaturalizo en mi esencia, y trato de aceptarme. Porque eso me hicieron creer que es la vida. Ya no creo. No creo en mí. Ni en la revolución de mis entrañas. No creo que el tiempo me lleve a ninguna parte, el tiempo solo me acompaña.
Parece que si no produzco no soy, si no estoy preocupada no sirvo, si no proyecto, la vida no vale. Hoy gasté mi vida. Me desperté tarde, me costó salir de la cama, volví a ella. Leí, dormí, escuché la radio, cociné, bebí vino, comí cuando el mareo me insistía. No produje nada, ni siquiera culpa. Hoy gasté mi vida. No busqué la felicidad y sin embargo viví.
Aquí me tenéis, sin azul, sin horizonte. Con mi cabeza gris recorto las líneas de mis palmas, para que no haya futuro, para que no haya nostalgias de este tiempo en el que no sentir se ha convertido en vida. Consciente del tránsito, de los días llenos de nada, de los soles sin sombra, pájaros que emigran a un Sur que se desnorta.
Las corrientes de mi vida navegan desde lo afuera, me llevan y me dejo remolinar en los pozos que hunden mi yo. Lo que fui, y que no anhelo. Me traiciono, me desnaturalizo en mi esencia, y trato de aceptarme. Porque eso me hicieron creer que es la vida. Ya no creo. No creo en mí. Ni en la revolución de mis entrañas. No creo que el tiempo me lleve a ninguna parte, el tiempo solo me acompaña.
Parece que si no produzco no soy, si no estoy preocupada no sirvo, si no proyecto, la vida no vale. Hoy gasté mi vida. Me desperté tarde, me costó salir de la cama, volví a ella. Leí, dormí, escuché la radio, cociné, bebí vino, comí cuando el mareo me insistía. No produje nada, ni siquiera culpa. Hoy gasté mi vida. No busqué la felicidad y sin embargo viví.
Espero que haya un día que recuerde este día,
como otros muchos en los que ni el mar me ha sacado de la cama, y
quien sabe si será nostalgia, o remordimiento lo que sienta al recordarlo,
pero hoy la vida no me daba para más. Y me perdoné por ello, sin
habérmelo pedido fui indulgente conmigo misma. Y aquí estoy. Sin
máscaras, sin seudónimos, sin miedo, sin rabia, sin pasión, sin
deseo, cual ameba en la sopa de la vida.


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