lunes, 9 de octubre de 2017

duerMo juntO al nIÑo que hAbita en el hombre con el que duermo

Cada noche espero que se duerma. Me gusta escuchar su respiración a mi lado. Es pesada, grande como él. Hace una cosa curiosa, se corta, casi cuando parece que va a llegar al final y desde allí inspirar o expirar según toque, se corta, se mantiene en un vacío y entonces comienza de nuevo. Él se agarra a mi vientre, o a mis hombros o donde le coja y ahí continúa respirando, entonces...en algún momento, nunca antes de sentirme junto a su cuerpo, su repiración cambia. Se vuelve ligera, pulsa el aire aquí y allí, vuelve hasta él y comienza de nuevo, no me resulta inquieta, sólo surfea, cambia de dirección, se deja llevar por un patrón en el que su insconciente se ha instalado...entonces, en ese momento, cuando oigo esa respiración junto a mí, yo me dejo dormir.
Ahora sé que duermo junto al niño que habita en el hombre con el que duermo, y ambos nos entendemos.

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