Estoy en la orilla, sentada, mirando el horizonte y sé que la marea va a subir. De hecho cada segundo suma a ese proceso. No sé qué va a ocrrir, no lo pienso, y establecer los quizás me aleja del disfrute del olor a sal, del sol sobre mi piel, del tacto del agua. Así que no diré nada. No voy a levantarme antes de que el océano me lleve a flote o me hunda. No tomaré en cuenta los por si acaso. Solo voy a centrarme en la piel.
Sin embargo me está costando. Una parte de mí está volviendo al pasado, a él. No sé cuánto hay de último cartucho por no sentir que el vínculo ya no está y cuánto hay de verdad. La verdad, a estas alturas del partido, ya ni me interesa la verdad. Recuerdo cuando yo le pedía que me hablara, recuerdo lo que amo su voz y ahora que tú me lo pides a mí sé lo que sientes en cada llamada. Sé la de veces que planeé (casi inconscientemente) compartir el desayuno, saber cuándo nos volveriamos a ver, proponer lo que sabía que le interesaba, así que cuando tu juegas a eso conmigo te veo en mí. Veo el amor con el que me cuidas y veo el reflejo de él en mi interior. Sentirse bien, confortable, como si estuvieras en la orilla de la playa, como si las olas mecieran tu piel...pero ¿qué hay cuando crees que tu lugar es el rompeolas?
Dije que no me iba a preguntar nada. Voy a tratar de no proyectar en mí lo que no es mío, sino de otro que está a miles de kilómetros. No voy a hacer míos ni sus emociones, ni sus miedos, ni ninguna de las cosas que me dijo que sentía, porque Yo soy otra persona, estoy en una playa diferente y este es otro ciclo de mareas.
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