lunes, 30 de noviembre de 2015

Joao vive en su ombligo

Joao hurgaba con su dedo índice su ombligo.
Rodeaba aquel espacio de pelusas y seres extraños sin que nada le apartara del ensimismamiento en el que llevaba casi dos años. Durante aquellos 700 días, había comido, ido al trabajo de vez en cuando, hecho el amor aún más de vez en cuando, visto a sus amigos, acariciado a sus hijos, a su hija, pero todo en él giraba en torno a aquel agujero.
De noche despertaba intranquilo y sólo hurgarse aquella materia gris y casi viscosa le proporcionaba la calma que le acercaba a la felicidad.
Al amanecer Joao necesitaba estar a solas con su ombligo. Cada día se alargaba más el tiempo que tardaba en salir a la calle y entonces, si es que esto llegaba a ocurrir, en cualquier semáforo o disimulando mirar un escaparate buscaba el hueco, aquel tremendo agujero negro en el que se había convertido su ombligo y por tanto su vida.

Hace dos años, la mañana que ella levantó el asa de la maleta llevándose todo lo que habían construido, Joao solo levantó la ceja y pensó: mañana la busco. Quiso creer que es lo que debía hacer, pero bastó el toque de su dedo corazón sobre el ombligo para saber que no sería así. Joao hurgaba con su dedo índice su ombligo, rodeaba aquel espacio habitado por pelusas y otros seres extraños sin que nada le apartara ......

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