Si verbalizara que te echo de menos, sería casi tanto como creer que te espero. Y no es así. Si creyera que me vas a llamar, sería tanto como admitir que eso me volcaría el hígado. Admito que es así.
Si, por casualidad, reconociera que hoy estoy pensando en ti, sería más de lo que dijimos que nos permitiríamos. Me gustaría renunciar a la certeza de saber que no estoy en ti.
Porque hoy habito en un tiempo en el que estamos desnudos, y yo acaricio tu pelo y, casi con vergüenza te confieso, que desde antes de que volvieras ya pensaba en ti. Porque sonrío al pensar en tu pragmatismo, y en la manera confusa que tendrás de mirarme si es que llego a contártelo. Pero al menos, y por un momento, no te sentí lejos, sino que tu mirada me correspondió.
Estoy pensando que necesito recordar más a menudo como me miras, porque de tanto echarte de mi memoria, para no echarte de menos, te estoy echando de mis recuerdos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario