Estoy harta, hasta el orto (que ni siquiera sé si lleva hache) estoy cansada, muy cansada de estar continuamente empezando. Desde un poco más adelante, desde un paso más atrás, desde el aquí y desde el allá. Dimito de mí. De mi capacidad de hacer. De mi efímero devenir. Ya está, lo dije sin voz, sin pasión, sin casi nada de lo que soy, pero lo dije: me quedo en esta esquina de la cama.
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