Me gustaría que vinieras a visitarme al río de la Plata, y que me abrazaras como si nunca hubiéramos sentido el miedo y que mi corazón retumbase al ritmo candombé del tuyo. Me gustaría que pudiéramos mirarnos de cerca, de pupila a pupila, como si antes no lo hubiéramos hecho.
Quisiera enseñarte que la yerba no se mueve, no se remueve, ni se mezcla, que la yerba solo se deja empapar y en el mejor de los casos lavar. Como yo me empapé de tu alma, para después lavarte de la mía.
Quiero contarte que puedo sostener el termo, el mate, tu corazón y tus esperanzas en la misma mano, y beber de todas ellas.
Pero sobre todo quiero que estés a mi lado cuando el viento te lleve lejos.

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