He gastado la neurona que me traía la esperanza. Me oprimen los recuerdos de tu piel. Veo tantos mares muertos, como barcos de papel. Tus ojos me fusilan, tus manos me atan a la muerte. Seco mi corazón al sol. He recogido los huesos, he limpiado las cenizas y me he echado a volar. Ojalá no haya más vida tras esta novena vida, porque el nueve es el número que está detrás del infinito vertical. Recorro la espiral de mi locura y nunca es suficiente. Miro que no está la luna. Miro que te has marchado. Miro que el vacío me deja hueca. A veces hay luz y a veces no hay nada.
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