¿Cómo era el deseo entre nosotros? De verdad que ya no lo recuerdo. No sé qué me ha pasado, no sé cómo remediar este hastío. Dos años, una pandemia, demasiadas horas juntos, tantas decepciones en expectativas inventadas. Muchos miedos contenidos, reprimidos, aguantados. Mucha ausencia de risa, de brisa, de mar. La vida nos pesa tanto que aplasta tu cuerpo y el mío cuando se abrazan, y como en un nido se refugian en el sudor del otro, pero no hay aire para la pasión, no hay oxígeno para el deseo. Sentirme viva, sentirme mujer, sentir, sentirte, ¿cómo era todo aquello?
Tocas mi cuerpo como si fuera a romperse, lo acaricias como si fuera un espectro, mi cara, mi cabeza, como si tuvieras una muñeca inerte entre las manos. No sé qué hacer, ¿será mi vibración de no-viva lo que te llega? ¿cómo hago para inventar las ganas? Pasan las horas, los días, y como dos amantes que yacen nos damos la mano, a veces tus pies me hacen de sustento, pero el sueño se reparte a cada cual en un lado de la cama. Solo la vista de tu cuerpo despierta mi sentidos, pero soy miope, percibo el mundo por la piel, y tu piel ya no está. El tacto de tus dedos en mi interior no está.
El amor no tiene nada que ver en esto. Hablo del deseo, de sexo, aunque sea con quien amas. Hablo de espacios que no están. Me siento Alicia, la que tiene 9 años, la que se cayó por la madriguera y allí te he encontrado, con tus idas y venidas, mis lágrimas y mi deseo de salir.

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