miércoles, 31 de julio de 2019

eSPeraR la cALma me desaSOSiega

Hoy me estoy esforzando en recordarte, para sentir, para saberme viva o para saberme espejo de otra vida.
Me esfuerzo en encelarme al ver que es a otra a la que le propones conciertos, con la que viajas y en la que piensas. Ya lo sé, desde siempre lo sé. Lo curioso es que hoy me he tenido que esforzar porque eso me haga daño. Y ni siquiera sé porque me gusta creer que aún pienso en ti. Supongo que tiene que ver con el vacío. Esa constante de si tú no estás, no hay nadie, y si no hay nadie dónde estoy yo ya me resulta absurda y deshonesta conmigo. Luego está la posibilidad del masoquismo, pero prefiero no creer en ello. Quiero seguir acostumbrándome a este "ya no estás" que habita en mí. Se supone que esto me hace madura, o menos adolescente, yo qué sé. Lo cierto es que hoy casi todo me da igual, y ese casi todo también pasa por ti. 
Lo único que me desconcierta es la incertidumbre de saberme frente a un vino, una chela o una tapa china y hablar de todo aquello de lo que fuimos capaz de contarnos con palabras escritas. 
Y estar tranquila al mirar tus ojos entre pardos y marrones, jugar con tu pupila incapaz de descansar sobre mi boca. Quiero acariciar tu barba de tres colores, la ausencia de tu boca y el deseo que provocó, el desafío que supone tu cabeza. Quiero interrogar a tu sonrisa efímera, estimular tu risa abierta como tus manos, como el pliegue de tu pecho. 
Esperar la calma me desasosiega, como si aún te amara, como si aún te recordara.


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