Ella decidió que a él le
amaría a pesar de todo. Que el mundo ya podría volverse plano, porque ella,
ella había decidido amarle. Tuvo quince días para pensar, para decidir. Para
preguntarle a cada poro de su piel, a cada neurona gastada de su cerebro a cada
uno de sus sentidos, y todos le decían lo mismo: si ahora decides amar al que
sabes que no te ama estarás en el mismo punto, en el mismo lugar que toda tu
vida. Y aún así ella, que pudo evitarlo, no lo hizo. Ella le amó. Y el mundo se
ha vuelto plano y oscuro, pero el mundo sabe que ella le sigue amando. Aunque
le mire a los ojos y le diga que esto no tiene nada que ver con el amor. Aunque
ella sepa que volverá amar. Aunque ambos se toquen y su piel sepa todo lo que
ninguno ha dicho.
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