Anoche al volver a mi casa pasé por la puerta de la que ya no es la tuya. Por un momento quise picar al timbre. Subir, como tantas veces lo hice, y ducharme para meterme en la cama contigo y que me abrazaras mientras decías que no podía seguir haciendo aquello.
Anoche, una vez más, comprendí la desesperación que me llevó a amarte. Estaba tan triste y sola como cuando te amé, sólo que no hay ninguna puerta a la que llamar.
Llegué a casa. No me duché, nadie me esperaba para abrazarme. Me metí en la cama oliendo a noche, ni siquiera tu recuerdo me acompañó.
Esta mañana hubiese querido ver tu mirada de reproche. Hubiese querido decirte que lo siento. Me hubiese gustado volver a sentir el dolor de saberme en el espacio equivocado, pero junto a la persona a la que amo.
Nada de esto ha pasado, me levanté en el lugar adecuado, en mi cama sin ti.
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