Tengo el alma rozándome las epiteriales. No sé si será por la luna (la que llevo debajo del brazo), o porque el azahar me asfixia. No sé si será que me quitaron el tapón del oido y la música me vibra más por dentro. No tengo ni idea, pero tengo la primavera a flor de piel.
Mis lágrimas viven más entre mis mejillas que en la retina, y Sevilla se empeña en que sea así. Me gusta su bullicio, sus bulas, sus mentiras llenas de leyendas...hasta los rincones meaos me parecen que tienen ese punto de ciudad decadente que tanto me gusta.
¿Ves? las sensaciones están tan al límite que se lanzan de un lado a otro, como si yo no existiera en ellas. Me estoy dejando llevar por el barroquismo y la exaltación de la histeria colectiva. Esto es como el concierto de los Rolling, puede que no te guste, pero si estás aquí ya sólo puedes vivirlo al 120%, no puedes mantenerte al margen. No hay margen en el que parapetarse.
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